Una de buñuelos…

Buñuelo marroquí

Esto son los soberbios sfench

Miércoles recién levantado de la cama. Casa de mi abuela Isabel en Tánger. Principio de los años setenta. Día sin clase en el colegio, como todos los miércoles en la escuela francesa Dufour. Y el olor, siempre el olor a sfench. Aicha había llegado a la casa, portando en su mano la tirilla de esparto que ensartaba por su agujero a esa colección de buñuelos de masa parecida a la de los churros. Y es que mi abuela, como buena algecireña, hacía del rico churro una patria.

En las ocasiones en que volvimos a Tánger, mi padre y yo hacíamos lo indecible para encontrar un local donde los vendieran y poder degustar una vez más uno de aquellos sabores que conformaron nuestra memoria tangerina.

¡Un aliciente más para visitar Tánger, señores!

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Donde la prisa cedía el paso a la gula

Pastelería Madame Porte

La pastelería llevada a su máxima expresión

Todo tangerino que haya vivido en la ciudad a partir de mitad del siglo pasado tiene una marca dulce perenne en su memoria. La responsable no fue otra que la mítica Madame Porte cuyo salón de té era la referencia en materia de pasteles, tartas y, aunque pueda extrañar, yogures. De hecho, era signo de cierta relevancia social dar de comer a los bebés un yogur de Porte en cucharilla de plata.

Como niño tangerino que fui, nunca conocí la parte de arriba del mostrador. Menos mal que a través del cristal se divisaba toda aquella variedad de pasteles y bombones a cual más tentador.

Una pena que, hoy en día, de todo aquello, sólo se conserve el nombre. No obstante, en El Tomoscopio de Mimbre se le rinde un modesto homenaje.

El Obispo de Tánger, un Amigo.

Catedral de Tánger

Vista principal de la Catedral de Tánger

En estos días recupero unas declaraciones del actual arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, aparecidas en prensa y radio hace un año, poco frecuentes en boca de responsables eclesiásticos hasta ahora.

El hecho me ha recordado cómo la diócesis de Tánger ha contado, la mayor parte de las veces, con hombres de un discurso bastante próximo al actual Papa Francisco. Y quiero destacar especialmente al que más conocimos: Carlos Amigo.

El hombre se presentó, un día de 1974, camino de Sevilla, en el Hostal Campomar de El Puerto de Santa María (Cádiz)  con objeto de visitar a mis tíos, regidores por aquel entonces de dicho establecimiento, a los que unió cierto trato en su etapa tangerina.

En la comida posterior, mi familia pudo asistir a una de las más deliciosas charlas en la cual monseñor Amigo desplegó toda una batería de afirmaciones entre las cuales destaco dos dirigidas a mis padres: “el documento canónico que os hicieron firmar al casaros en matrimonio mixto, obligandoos a bautizar a vuestro hijo, ya no era legal en 1964” y “respeto más a un no creyente con coherencia que un católico hipócrita” .

Una pena que cuarenta años después todavía estemos a vueltas con lo mismo en temas de inmigración y actitudes.

Tánger también podía dejarte “helado”.

Heladería Coloma

Así recuerdo la Heladería Coloma de Tánger

Uno de los templos en la elaboración de helados en Tánger siempre fue nuestra recordada Heladería Coloma. Aunque mi memoria gustativa sea más fina y no olvida aquellos helados de diez bolas en cucurucho con el que se nos premiaba, de niño, en ocasiones excepcionales.

Esta heladería tuvo su primera radicación en la calle Marco Polo, para luego establecerse en la calle Juana de Arco (ahora Allal Ben Abdellah).

Me contaba mi madre que uno de los placeres de mi abuelo Joaquín, en sus años de pelotari en la ciudad, era subir la cuesta del Hotel Cecil hacia el Sagrado Corazón, hacer su parada en Coloma y degustar en plato con cuchara sopera ese río de felicidad congelada. Lo encontrarán, cómo no, en las páginas de El Tomoscopio de Mimbre.

Bazar Corona de Tánger (I)

Kacem del Bazar Corona

Kacem haciendo reír a mi padre mientras prepara té

Aunque no es un comercio ubicado en la zona más turística de Tánger, antigua calle Velázquez (ahora Khalid Ibn Al Walid), el Bazar Corona es de esos lugares con encanto que acaba concitando a no pocos turistas al cabo del año.

Y gran parte de esa magia reside en los propietarios que ha tenido. En la actualidad Kacem, que heredó de su padre el local y algunas maneras comerciales, aderezando éstas con bastante cosecha propia, es el rey de la transacción y la labia.

Aún así, para nuestra familia, siempre será nuestro vecino de abajo y un amigo que siempre te recibe efusivamente para compartir un buen té (y venderte algo, claro).

Búsquenlos entre las páginas de El Tomoscopio de Mimbre y, lo mismo, se llevan alguna sorpresa.

Gaudí estuvo en Tánger…

Misiones Franciscanas en Tánger

El proyecto nunca realizado en Tánger

Si les dijera que El Tomoscopio de Mimbre descubrió que Tánger estuvo a un tris de ser la sede de una de las grandes obras de Gaudí, le tacharían de fantasear ya en exceso con la mítica ciiudad.

Pues a la izquierda, en la imagen, tienen la prueba. La pena es que sólo quedara en un boceto por aquello del agitado momento que vivía la zona del norte africano por mor de la guerra del Rif. Tampoco es descartable que el otrora pudiente Marqués de Comillas y mecenas del proyecto, Claudi López i Bru,  atravesara ciertas dificultades económicas en la época.

Dicen los que saben de arquitectura que las torres de la Sagrada Familia de Barcelona estaban inspiradas en este proyecto, que consistía en un conjunto compuesto por iglesia, convento, hospital y escuela, diseñado para unas Misiones Católicas Franciscanas en Tánger allá por 1892.

Para saber más…

Tánger también tuvo frontón de cesta-punta…

Pelotari de Eibar

Mi abuelo Joaquín

Aunque pueda parecer exótico, así fue. Entre los años 30 y 40 del siglo pasado el deporte de la cesta-punta echó raíces en la ciudad internacional de Tánger, cuando todavía no existía administrativamente el reino de Marruecos como tal.

Una villa que vivió de la modernidad aportada por la variedad de nacionalidades, etnias y religiones que convivían, fruto del estatus de internacionalidad del que gozaba por aquel entonces.

Y mi abuelo Joaquín tuvo el privilegio de formar parte del plantel de pelotaris, la mayor parte de aquellos años (algo tuvo que ver la guerra civil, para qué engañarnos). Una ciudad que acabaría acogiendo durante casi cuarenta años a este eibarrés, aventurero de la cesta-punta profesional. En El Tomoscopio de Mimbre más.