Rghaif: un desayuno diferente

rgaif

Una maravilla para desayunar

Por la foto se intuye que puede ser la adaptación marroquí de la conocida crêpe. Y se parece, pero no es lo mismo. A una boca algo viajada no hay quien la engañe.

Mis favoritas siempre fueron las de mantequilla rancia y miel. De hecho, cuando voy a Tánger elijo los hoteles en función de si ofrecen rghaif o no en el desayuno.

Por si alguien se anima a hacerlas, la videoreceta:

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Teatro Cervantes

Teatro Cervantes

El Templo de la canción española en Tánger

Inaugurado en 1913 con un aforo para 1400 butacas, por su escenario pasaron figuras como Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, María Caballé, Antonio Machín, Manolo Caracol, Lola Flores, Pepe Marchena o Juanito Valderrama.

Por ello no es exagerado decir que este teatro, que vivió su época dorada en la década de los cincuenta, fue el más grande y más conocido del norte de África. Y así quiso dejar constancia de ello El Tomoscopio de Mimbre haciendo referencia a los cancioneros que se repartían antes de las actuaciones.

Hoy, pese a varios intentos de uno y otro lado por recuperarlo, nadie termina por echar el pie adelante para convertirlo en un centro cultural al servicio de los habitantes de Tánger.

Brahim: el templo de los bocadillos

Brahim

La última vez que estuvimos ahí

A tres minutos andando por el mismo lado de la acera de donde se encontraban los Almacenes México, un turista de visita en Tánger pasaría ante una tienda que, simplemente, vende bocadillos. Otro, más avispado, dejaría sus ojos tres segundos más en la cola de gente que suele congregarse ante el mostrador del local.

En cambio, para un tangerino la tienda de bocadillos de Brahim siempre fue más que eso. Y lo sigue siendo hoy, después de más de cincuenta años abierto al público. En cualquier lugar del mundo, estaría franquiciado y extendido hasta límites insospechados.

La mecánica era fácil: meter en un trozo de pan francés la combinación de ingredientes más apetecible a la vista del cliente. Aunque el bocadillo cañón era el de mayonesa con zanahoria triturada, rodajas de tomate, cebolla, aceitunas, atún, pepinillos y alcaparras. Algunos incluso pedían acompañarlo con unas patatas fritas. ¿Su gran secreto? Todo recién hecho.

Si van a Tánger y se lo pierden, ¡imperdonable! El Tomoscopio de Mimbre no quiso dejar de mencionarlo.

La mítica Librairie des Colonnes en Tánger

Librairie des Colonnes

Así recordamos los tangerinos esta librería

Cuando se habla de Tánger desde la óptica cultural, se alude mucho a los escritores, pintores y actores que allí vivieron más o menos tiempo.

Pero la cultura, en el caso de Tánger las culturas, iban más allá de esos círculos de la intelectualidad reconocida. Y uno de esos focos de la ciudad que conseguía elevar la cultura de las personas tenía el nombre de “Librairie des Colonnes”, en un magnífico emplazamiento como es el 54 del Boulevard Pasteur.

No destacaba precisamente por ser una gran librería en cuanto a extensión en metros, pero sí en cuanto a fondo editorial en varias lenguas y siempre con lo más granado de la literatura del momento. Pero lo mejor lo mejor, la sabia atención de la familia Gerodi hasta 1974 y de la señorita Muyal hasta 1999.

Tras unos años de lento decaimiento por una inadecuada gestión, no ha sido hasta el año 2010, que el francés Pierre Bergé decidió adquirirla para acometer una reforma en toda regla que le retornará su prestigio de antaño.

¡El Tomoscopio de Mimbre no pudo olvidarse de ella!

Una de buñuelos…

Buñuelo marroquí

Esto son los soberbios sfench

Miércoles recién levantado de la cama. Casa de mi abuela Isabel en Tánger. Principio de los años setenta. Día sin clase en el colegio, como todos los miércoles en la escuela francesa Dufour. Y el olor, siempre el olor a sfench. Aicha había llegado a la casa, portando en su mano la tirilla de esparto que ensartaba por su agujero a esa colección de buñuelos de masa parecida a la de los churros. Y es que mi abuela, como buena algecireña, hacía del rico churro una patria.

En las ocasiones en que volvimos a Tánger, mi padre y yo hacíamos lo indecible para encontrar un local donde los vendieran y poder degustar una vez más uno de aquellos sabores que conformaron nuestra memoria tangerina.

¡Un aliciente más para visitar Tánger, señores!

Donde la prisa cedía el paso a la gula

Pastelería Madame Porte

La pastelería llevada a su máxima expresión

Todo tangerino que haya vivido en la ciudad a partir de mitad del siglo pasado tiene una marca dulce perenne en su memoria. La responsable no fue otra que la mítica Madame Porte cuyo salón de té era la referencia en materia de pasteles, tartas y, aunque pueda extrañar, yogures. De hecho, era signo de cierta relevancia social dar de comer a los bebés un yogur de Porte en cucharilla de plata.

Como niño tangerino que fui, nunca conocí la parte de arriba del mostrador. Menos mal que a través del cristal se divisaba toda aquella variedad de pasteles y bombones a cual más tentador.

Una pena que, hoy en día, de todo aquello, sólo se conserve el nombre. No obstante, en El Tomoscopio de Mimbre se le rinde un modesto homenaje.

El Obispo de Tánger, un Amigo.

Catedral de Tánger

Vista principal de la Catedral de Tánger

En estos días recupero unas declaraciones del actual arzobispo de Tánger, Santiago Agrelo, aparecidas en prensa y radio hace un año, poco frecuentes en boca de responsables eclesiásticos hasta ahora.

El hecho me ha recordado cómo la diócesis de Tánger ha contado, la mayor parte de las veces, con hombres de un discurso bastante próximo al actual Papa Francisco. Y quiero destacar especialmente al que más conocimos: Carlos Amigo.

El hombre se presentó, un día de 1974, camino de Sevilla, en el Hostal Campomar de El Puerto de Santa María (Cádiz)  con objeto de visitar a mis tíos, regidores por aquel entonces de dicho establecimiento, a los que unió cierto trato en su etapa tangerina.

En la comida posterior, mi familia pudo asistir a una de las más deliciosas charlas en la cual monseñor Amigo desplegó toda una batería de afirmaciones entre las cuales destaco dos dirigidas a mis padres: “el documento canónico que os hicieron firmar al casaros en matrimonio mixto, obligandoos a bautizar a vuestro hijo, ya no era legal en 1964” y “respeto más a un no creyente con coherencia que un católico hipócrita” .

Una pena que cuarenta años después todavía estemos a vueltas con lo mismo en temas de inmigración y actitudes.