El Concorde en Tánger

¡El culmen de la aviación comercial!

¡El culmen de la aviación comercial!

Uno de los grandes acontecimientos sucedidos en el Tánger de principios de los setenta fue la llegada del avión supersónico franco-británico Concorde a su aeropuerto. Instalación que hubo de ser debidamente remozada por la necesidad de prolongar su pista principal de aterrizaje para acoger a semejante mastodonte aeronáutico procedente de Toulouse.

Desde la perspectiva de un niño de siete años, como fue mi caso, la expectación se tornó en miedo cuando a eso de las 14:30 horas de ese inolvidable 3 de Mayo de 1972 un estruendo se adueñó del espectro sonoro de la ciudad. Se trataba del instante en el que el avión dejó justo de volar por encima de la velocidad del sonido, para dar una vuelta previa al aterrizaje.

El Tomoscopio de Mimbre se hizo, nunca mejor dicho, eco de este histórico suceso en un momento absolutamente crucial de la novela. Si desean revivirlo durante su lectura, el relato les espera.

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ETDM y Kacem

¡Kacem y su hijo pequeño!

¡Kacem y su hijo pequeño con El Tomoscopio de Mimbre!

Poco a poco van desfilando por esta tribuna algunos de las personas reales que han inspirado personajes de la novela El Tomoscopio de Mimbre.

Hoy le toca el turno a todo un símbolo de Tánger: Kacem, dueño que fue del Bazar Corona, entre otras cosas. Durante unos años vecino en la calle Velázquez (ahora con otro nombre) y desde entonces amigo de la familia.

Su participación en esta aventura literaria no fue conocida por él hasta el pasado 11/8/2014, aunque por el gesto que esgrime en la foto parece gratamente sorprendido al igual que el más pequeño de sus hijos.

Hace un año su periplo por esta vida tocó a su fin. El Tomoscopio de MImbre, que está a media asta desde ese día, te recordará siempre con cariño. ¡Hasta la próxima, amigo!

El Minzah: del sueño al ensueño

hotel minzah

El hotel de las mil cuitas

En pleno centro de Tánger, concretamente antigua calle Libertad , se erige este mítico establecimiento hotelero de estilo morisco. Desde 1930 El Minzah viene desempeñando el papel de excepcional vigía del Estrecho de Gibraltar.

Aunque no menos interesante son los relatos que sus paredes atesoran al haber acogido a lo más selecto de artistas, políticos y famoseo vario de cada momento. Por ello no debe ser casual que numerosos libros y películas hayan situado algunos de sus episodios en este hotel de ensueño, dejando entrever casi siempre un misterio, una intriga o un enredo.

Y eso sólo debe ser una muestra de lo sucedido porque según cuentan algunos ancianos de la plaza hay para construir una enciclopedia con las cuitas que allí tuvieron lugar.

Esta imagen con la bahía de Tánger como fondo son de esas postales que se quedan en la retina de una persona para siempre.

hotel minzah

Le «Petit Taxi»

petit taxi

Un peculiar modo de transporte

Una de las estampas habituales de Tánger, y a la vez mal conocida por los turistas novatos, es la de una legión de vehículos Fiat Punto de color turquesa, con raya amarilla horizontal a media altura, que circulan recogiendo y soltando pasajeros por sus calles.

Y digo mal conocido porque no responde exactamente al concepto de taxi al que en España estamos acostumbrados. Ya no sólo por el precio, ridículo por cierto, sino por ese peculiar sistema que deja al arbitrio del conductor ir deteniéndose en cualquier momento a subir nuevos pasajeros, además de los ya ocupantes.

Aún así tiene su encanto siempre y cuando el conductor no esté aquejado de diarrea verbal, detalle recogido en uno de los capítulos de El Tomoscopio de Mimbre.

Rghaif: un desayuno diferente

rgaif

Una maravilla para desayunar

Por lo que muestra esta foto, se intuye que puede ser la adaptación marroquí de la conocida crêpe. Y se parece, pero no es lo mismo. A una boca algo viajada no hay quien la engañe.

Mis favoritas siempre fueron las de mantequilla rancia y miel. De hecho, cuando voy a Tánger elijo los hoteles en función de si ofrecen rghaif o no en el desayuno.

Por si alguien se anima a hacerlas, la videoreceta:

Teatro Cervantes

Teatro Cervantes

El Templo de la canción española en Tánger

Recinto inaugurado en el año 1913 con un aforo para 1400 butacas, por su escenario pasaron figuras como Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, María Caballé, Antonio Machín, Manolo Caracol, Lola Flores, Pepe Marchena o Juanito Valderrama.

Por ello no es exagerado decir que este teatro, que vivió su época dorada en la década de los cincuenta, fue el más grande y más conocido del norte de África. Y así quiso dejar constancia de ello El Tomoscopio de Mimbre haciendo referencia a los cancioneros que se repartían antes de las actuaciones.

Hoy, pese a varios intentos de uno y otro lado por recuperarlo, nadie termina por echar el pie adelante para convertirlo en un centro cultural al servicio de los habitantes de Tánger.

Brahim: el templo de los bocadillos

Brahim

La última vez que estuvimos ahí

A tres minutos andando por el mismo lado de la acera donde se ubicaban los conocidos Almacenes México, un turista de visita en Tánger pasaría ante una tienda que, simplemente, vende bocadillos. Otro, más avispado, dejaría sus ojos tres segundos más en la cola de gente que suele congregarse ante el mostrador del local.

En cambio, para un tangerino la tienda de bocadillos de Brahim siempre fue más que eso. Y lo sigue siendo hoy, después de más de cincuenta años abierta al público. En cualquier lugar del mundo, estaría franquiciado y extendido hasta límites insospechados.

La mecánica era fácil: meter en un trozo de pan francés crujiente la combinación de ingredientes más apetecible a la vista del cliente. Aunque el bocadillo cañón era el de mayonesa con zanahoria triturada, rodajas de tomate, cebolla, aceitunas, atún, pepinillos y alcaparras. Algunos incluso pedían acompañarlo con unas patatas fritas. ¿Su gran secreto? Todo recién hecho.

Si van a Tánger y se lo pierden, ¡imperdonable! El Tomoscopio de Mimbre no quiso dejar de mencionarlo.

La mítica Librairie des Colonnes en Tánger

Librairie des Colonnes

Así recordamos los tangerinos esta librería

Cuando se habla de Tánger desde el aspecto cultural, se alude mucho a los escritores, pintores y actores que allí vivieron más o menos tiempo.

Pero la cultura, en el caso de Tánger las culturas, iban más allá de esos círculos de la intelectualidad reconocida. Y uno de esos focos de la ciudad que conseguía elevar la cultura de las personas tenía el nombre de «Librairie des Colonnes», en un magnífico emplazamiento como es el 54 del Boulevard Pasteur.

No destacaba precisamente por ser una gran librería en cuanto a extensión en metros, pero sí en cuanto a fondo editorial en varias lenguas y siempre con lo más granado de la literatura del momento. Pero lo mejor lo mejor, la sabia atención de la familia Gerodi hasta 1974 y de la señorita Muyal hasta 1999.

Tras unos años de lento decaimiento por una inadecuada gestión, no ha sido hasta el año 2010, que el francés Pierre Bergé decidió adquirirla para acometer una reforma en toda regla que le retornará su prestigio de antaño.

¡El Tomoscopio de Mimbre no pudo olvidarse de ella!

Una de buñuelos…

Buñuelo marroquí

Esto son los soberbios sfench

Miércoles recién levantado de la cama. Casa de mi abuela Isabel en Tánger. Muy al principio de los años setenta. Día sin clase en el colegio, como todos los miércoles en la escuela francesa Dufour. Y el olor, siempre el olor a sfench. Aicha había llegado a la casa, portando en su mano la tirilla de esparto que ensartaba por su agujero a esa colección de buñuelos de masa parecida a la de los churros. Y es que mi abuela, como buena algecireña, hacía del rico churro una patria familiar.

En las ocasiones en que volvimos a Tánger, mi padre y yo hacíamos lo indecible para encontrar un local donde los vendieran y poder degustar una vez más uno de aquellos sabores que conformaron nuestra memoria tangerina.

¡Un aliciente más para visitar Tánger, señores!

Donde la prisa cedía el paso a la gula

Pastelería Madame Porte

La pastelería llevada a su máxima expresión

Todo tangerino que haya vivido en la ciudad a partir de mitad del siglo pasado tiene una marca dulce perenne en su memoria. La responsable no fue otra que la mítica Madame Porte cuyo salón de té era la referencia en materia de pasteles, tartas y, aunque pueda extrañar, yogures. De hecho, era signo de cierta relevancia social dar de comer a los bebés un yogur de Porte en cucharilla de plata.

Como niño tangerino que fui, nunca conocí la parte de arriba del mostrador. Menos mal que a través del cristal se divisaba toda aquella variedad de pasteles y bombones a cual más tentador.

Una pena que, hoy en día, de todo aquello, sólo se conserve el nombre. No obstante, en El Tomoscopio de Mimbre se le rinde un modesto homenaje.