También los pelotaris manomanistas eran personajes

AtanoIII

Atano III: la leyenda

En reseñas anteriores de este mismo blog, se ha tratado de poner en valor no sólo el juego de la pelota vasca como deporte sino también la repercusión social que llegó a tener. Y no circunscrito únicamente a Euskadi. Casi todos los continentes acogieron frontones en los que, cierto es, la cesta-punta era la gran estrella.

Sin embargo, la modalidad de mano también tuvo su eco. Eso sí, más restringido a las fronteras españolas pero con algunas estrellas de renombre como la que hoy nos ocupa: Atano III. El de Azcoitia, que debutó en la mano como tantos en el santuario de Eibar, a principios de los años veinte de igual siglo, vino a revolucionar un juego en el que hasta entonces imperaba la “ley del más fuerte”. El estilo que Mariano Juaristi incorporó a este deporte contaba con el reflejo felino y pies de rapidez inusual, acabaron encumbrando a este “delgaducho” a la categoría de mito en su época.

Un magnífico artículo que ilustra la dimensión social del personaje fue escrito hace un par de meses por Mónica Arrizabalaga en el ABC. De imprescindible lectura que espero disfruten.

Frontón Jai Alai de Gernika

fronton gernika

Escultura en la pared exterior de este frontón

La primera vez que asistí en vivo y en directo a un partido profesional de cesta-punta fue junto a mi abuelo, pelotari de cesta-punta profesional en Barcelona y Tánger, en el frontón Jai Alai de Gernika (@GernikaJaiAlaiE). De aquel día de Septiembre de 1981 recuerdo que íbamos acompañados por el hermano de mi abuelo, Juan Gimeno Quintana, y su yerno, Antón Areitio.

La primera impresión al entrar en el recinto fue la de grandiosidad. Convirtiéndose en la antesala emocional para los partidos que allí se vieron aunque lo que me resultó más sorprendente fue asistir a un dos contra tres que tuvo como protagonista a Chiquito de Bolívar.

El “tío Juanito” con sus apuestas, Antón haciéndome el comentario de las jugadas desde su experiencia como jugador (sería tres veces campeón de España aficionado junto a Alberto Alberdi) y mi abuelo sin parar de protestar: primero por el exceso de pasos que los jugadores daban tras recoger la pelota en la cesta, luego por el tiempo que la retenían en la misma antes de lanzarla de nuevo.

Inolvidable experiencia que dejó su pincelada en El Tomoscopio de Mimbre. ¡Un día de estos, y pronto, tengo que volver aunque sea solo!

Tánger también tuvo frontón de cesta-punta…

Pelotari de Eibar

Mi abuelo Joaquín

Aunque pueda parecer exótico, así fue. Entre los años 30 y 40 del siglo pasado el deporte de la cesta-punta echó raíces en la ciudad internacional de Tánger, cuando todavía no existía administrativamente el reino de Marruecos como tal.

Una villa que vivió de la modernidad aportada por la variedad de nacionalidades, etnias y religiones que convivían, fruto del estatus de internacionalidad del que gozaba por aquel entonces.

Y mi abuelo Joaquín tuvo el privilegio de formar parte del plantel de pelotaris, la mayor parte de aquellos años (algo tuvo que ver la guerra civil, para qué engañarnos). Una ciudad que acabaría acogiendo durante casi cuarenta años a este eibarrés, aventurero de la cesta-punta profesional. En El Tomoscopio de Mimbre más.

Javier, savia nueva para la cesta-punta

¡Un talento en ciernes!

Se llama Javier, madrileño de nacimiento y residente en un pueblo de Toledo. Pese a sus precoces once años ha adquirido una más que notable destreza en una disciplina tan apasionante como nuestra querida cesta-punta.

No obstante, y como era de imaginar, en su localidad no existe un frontón de las características mínimas para llevar a cabo su plan de entrenamiento. De ahí que deba desplazarse al menos un par de días entre semana (y algún finde) a las magníficas instalaciones cubiertas que la Universidad Complutense de Madrid. Además no deja pasar la más mínima ocasión vacacional para “peregrinar” a Gernika donde lo han adoptado y permiten que se entrene con los mejores.

Como todos podemos entender, dicha logística de desplazamiento no sería posible sin un “papá” apoyando incondicionalmente la afición de su hijo, donde además de chófer es entrenador. José Urrutia, que así se llama el señor, tras varios años residiendo en México (aunque su apellido delata sus orígenes) decidió un buen día, hace quince años, venirse a España.

En la imagen siguiente, se puede contemplar a la singular pareja recibiendo el reconocimiento del mayor crack que ha tenido este deporte en los últimos años: Iñaki Osa Goikoetxea.