Minas de Jerada

Las minas de Jerada

Las minas de Jerada siguen ilegalmente activas

Situadas al sur de Oujda, en la prolongación de la cordillera marroquí del Atlas hacia el Este, bajo los montes que dieron nombre a una ciudad fundada en 1927 por los franceses al descubrir importantes cantidades de carbón, se encuentran las minas de Jerada.

No muy lejos de la frontera argelina, por esta comarca pasaba un tren minero que comunicaba el puerto de Ghazauet en aquel país con las zonas mineras de Jerada y Bouarfa, a este lado de Marruecos. El Tomoscopio de Mimbre sitúa una escena de la novela en este curioso lugar. ¡Descúbrela!

Hoy, esta zona de antiguas minas de carbón, plomo y zinc, se encuentra abandonada en teoría. Aunque, como desvela dramáticamente el siguiente documental, hay quienes siguen sacando algún partido a la miseria humana.

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El que avisa no es Trader…

Trader

Cuando la ética viaja en tercera clase

Todo el que cursó el bachillerato en su día, se volvió un día para casa con aquel lema del despotismo ilustrado que rezaba: “Todo para el pueblo pero sin el pueblo”.

La progresiva conquista de parcelas democráticas buscó arrinconar este tipo de planteamientos y empoderar cada vez más a las personas para influir en las decisiones del conjunto.

Aunque por el discurrir de los acontecimientos, la parcela que más influencia tiene actualmente en la vida de cualquier ciudadano de una sociedad capitalista no es otra que la economía. Y es ahí donde quedan aún “despotismos iluminados” por combatir como el que los traders se han fabricado a través del apalancamiento: “Todo por el euro pero sin el euro”.

El Tomoscopio de Mimbre quiere contribuir a desvelar estos “tejemanejes”, cuyos “futuros financieros” acaban llevándose por delante tantos futuros personales.

Brahim: el templo de los bocadillos

Brahim

La última vez que estuvimos ahí

A tres minutos andando por el mismo lado de la acera de donde se encontraban los Almacenes México, un turista de visita en Tánger pasaría ante una tienda que, simplemente, vende bocadillos. Otro, más avispado, dejaría sus ojos tres segundos más en la cola de gente que suele congregarse ante el mostrador del local.

En cambio, para un tangerino la tienda de bocadillos de Brahim siempre fue más que eso. Y lo sigue siendo hoy, después de más de cincuenta años abierto al público. En cualquier lugar del mundo, estaría franquiciado y extendido hasta límites insospechados.

La mecánica era fácil: meter en un trozo de pan francés la combinación de ingredientes más apetecible a la vista del cliente. Aunque el bocadillo cañón era el de mayonesa con zanahoria triturada, rodajas de tomate, cebolla, aceitunas, atún, pepinillos y alcaparras. Algunos incluso pedían acompañarlo con unas patatas fritas. ¿Su gran secreto? Todo recién hecho.

Si van a Tánger y se lo pierden, ¡imperdonable! El Tomoscopio de Mimbre no quiso dejar de mencionarlo.

La mítica Librairie des Colonnes en Tánger

Librairie des Colonnes

Así recordamos los tangerinos esta librería

Cuando se habla de Tánger desde la óptica cultural, se alude mucho a los escritores, pintores y actores que allí vivieron más o menos tiempo.

Pero la cultura, en el caso de Tánger las culturas, iban más allá de esos círculos de la intelectualidad reconocida. Y uno de esos focos de la ciudad que conseguía elevar la cultura de las personas tenía el nombre de “Librairie des Colonnes”, en un magnífico emplazamiento como es el 54 del Boulevard Pasteur.

No destacaba precisamente por ser una gran librería en cuanto a extensión en metros, pero sí en cuanto a fondo editorial en varias lenguas y siempre con lo más granado de la literatura del momento. Pero lo mejor lo mejor, la sabia atención de la familia Gerodi hasta 1974 y de la señorita Muyal hasta 1999.

Tras unos años de lento decaimiento por una inadecuada gestión, no ha sido hasta el año 2010, que el francés Pierre Bergé decidió adquirirla para acometer una reforma en toda regla que le retornará su prestigio de antaño.

¡El Tomoscopio de Mimbre no pudo olvidarse de ella!

Economía de casinos: “casinada” al aparato

Dado

¿Hagan juego? ¡Con mi futuro, no!

Decía Paul Samuelson, primer economista norteamericano ganador de un Nobel en Economía: “una inversión debe ser más como esperar que la pintura se seque o que la hierba crezca. Si quieres emoción, coge 800 dólares y vete a Las Vegas”.

Todos hemos escuchado eso de que los políticos, cuando dejan de pisar la calle, acaban tomando decisiones poco enfocadas al bienestar general. ¿Qué decir entonces de esos escuadrones de financieros cuyos objetivos se limitan a “arreglar” números en una pantalla de ordenador en pos de algún beneficio particular? Cuando coincide que esos movimientos de números, que tienen mucho de apuesta, acaban llevándose por delante los trabajos de mucha gente cuando no las condiciones de los que los mantienen, entonces hay mucho que alegar.

El escritor Jack London, en tiempos de la fiebre del oro norteamericana, ya apuntaba el devenir de aquellos polvos en este poema y como queda constancia en El Tomoscopio de Mimbre:

Sólo esto, de todo, quedará.
Arrojaron los dados, y vivieron.
Parte de lo que juegan, ganarán
Pero el oro del dado lo perdieron.

925

Nueve a cinco

Habrá que conservarlo como una reliquia

Si es que no hay nada como el bilingüismo y la movilidad laboral, que diría la ministra Bañez. Algunos de nuestros jóvenes emigrantes, los más afortunados, se encuentran con un horario de lo más peculiar al enrolarse en una empresa: 925. Para entendernos, nine to five, o dicho en castellano, de nueve a cinco.

Hay que reconocer que ahí se incluye la media hora larga para comer. Tiempo más que de sobra cuando a eso de las 12:30 horas, lo habitual es meterle al cuerpo un triste sándwich. Parecido al horario de Sara en El Tomoscopio de Mimbre.

Ahora que en España se está abriendo el debate sobre la normalización de horarios convendría conocer lo que se hace en otras partes y también en la nuestra, que no es plan de cambiar por cambiar. Pero ante todo, por favor, que nos devuelvan al huso horario prefranquista. ¡Al final era Canarias la que llevaba bien el paso y no todos los demás!

Para esto del 925, me sigo quedando con Dolly Parton.

 

 

Una de buñuelos…

Buñuelo marroquí

Esto son los soberbios sfench

Miércoles recién levantado de la cama. Casa de mi abuela Isabel en Tánger. Principio de los años setenta. Día sin clase en el colegio, como todos los miércoles en la escuela francesa Dufour. Y el olor, siempre el olor a sfench. Aicha había llegado a la casa, portando en su mano la tirilla de esparto que ensartaba por su agujero a esa colección de buñuelos de masa parecida a la de los churros. Y es que mi abuela, como buena algecireña, hacía del rico churro una patria.

En las ocasiones en que volvimos a Tánger, mi padre y yo hacíamos lo indecible para encontrar un local donde los vendieran y poder degustar una vez más uno de aquellos sabores que conformaron nuestra memoria tangerina.

¡Un aliciente más para visitar Tánger, señores!