El pueblo de los pechos…

María Sagredo

La heroína de todo un pueblo

Ocurrió hace unos años, en los que pasaba algunos días de Semana Santa y verano en la malagueña localidad de Alozaina. En la tranquilidad de este enclave de la Sierra de la Nieves se escribieron no pocos pasajes de El Tomoscopio de Mimbre.

Es por ello que, aunque de forma modesta, la novela realiza un par de alusiones a esta villa. Una de ellas a su figura más representativa, María Sagredo. Que como la Historia relata, se puso al frente de unas mujeres vestidas de hombre, a falta de hombres ya que pudieran defender la villa, y repelieron un asalto de los moriscos allá por 1570.

Como ya se sabe en estos casos, el ardor literario de alguno elevó el suceso a categoría de leyenda cuando atribuyó la victoria en esta acción sobre los andalusíes moros a las colmenas de abejas arrojadas por esta heroína pechera como recoge el escudo de la imagen. Lo que sí es real es que María Sagredo fue nombrada a raíz de aquello Alférez de los Tercios Españoles por Felipe II.

Por cierto, lo de los pechos no refiere a nada que tenga que ver con la mujer, ni con las cuestas del pueblo (que las tiene). Se denominaban pechos a los tributos que debían pagar los habitantes de la comarca. Y al parecer, éstos eran de los mejores pagadores. Cuestión que les llevó a la atribución del gentilicio de pecheros.

Para saber más de esta mujer…

El genocidio armenio: 100 años después…

Uno de los hilos conductores de la novela El Tomoscopio de Mimbre tiene su arraigo en las ingentes matanzas que se produjeron en el periodo entre 1915 y 1917 (aunque luchas intestinas hubo desde 1812 y hasta 1923) en esa zona del mundo que hoy está más en Turquía que en Armenia, como resultado de aquello. Concretamente en la comarca conocida como Marash.

El relato de la Historia nos tiene acostumbrados a que quien mejor maneja las claves de la visibilidad, consigue posicionar su oprobio como si de un sitio web se tratara en las listas de Google. Y claro que fue “grave gravísimo horrible” lo sucedido en Alemania con la población judía. Pero la pregunta en este caso siempre acaba siendo, ¿y los armenios, y los gitanos, y los tártaros…? Porque la ONU en ese sentido es muy clara. Sin embargo, la tenacidad y memoria del pueblo armenio, gran parte de él en diáspora desde entonces, bajo el lema “si tanta maldad olvidasen nuestros hijos, que el mundo entero maldiga a los armenios“, ha mantenido vivo el recuerdo de aquellos sucesos.

Porque no es sólo que casi nadie ha querido acordarse de ellos. Es que hubo muchos interesados coyunturales en que no se mencionase nada de esto: unos por no molestar a Turquía, otros por no dividir el foco de atención en su propio genocidio.

En cualquier caso, a Francia y a la ONU ha venido a unirse recientemente el Papa Francisco etiquetando como genocidio el triste episodio armenio del que hoy se conmemora oficialmente su primer centenario.

El barrio del Mellah en Fez

Mellah

Estampa costumbrista de este singular barrio

En la localidad marroquí de Fez existe un barrio, con más de un milenio de Historia, que desde sus inicios fue lugar de residencia y comercio de la comunidad judía. Bajo mandato de Abd al-Rahman III y de su mano derecha política Hasday Ben Saprut, se potenció aún más su papel como lugar de paso del oro proveniente de los países subsaharianos hacia la península ibérica.

Tanto que se habla hoy en día de emprendedores, El Tomoscopio de Mimbre hace un homenaje a este singular barrio a través de la figura de Fernando Tolón Ortolachipe. El único no judío que montó su tienda de telas y confección en dicho barrio y cuya vida, condicionada por la guerra civil española y la segunda mundial, deparó alguna que otra aventura que se recoge en el libro.

Abd al-Rahman III y el Txakolí

Abd al-Rahman III

El Califa que gustaba del Txakolí

Existe un vino blanco producido y consumido mayormente en Euskadi de nombre Txakolí. Es una de esas señas de identidad que este pueblo siempre ha llevado a gala pasear por donde ha podido a lo largo del mundo, al igual que el juego de pelota.

Se dice, se comenta, se rumorea que un esporádico  aficionado a este caldo era nada más y nada menos que el califa Abd al-Rahman III, cordobés de nacimiento y orígenes mestizos. Cómo, ¿en el siglo X Txakolí? Pues algún historiador estudioso aboga por ello, aunque este mandatario andalusí no completaba los ocho apellidos vascos, su madre, que sí lo era (a la manera de la época, Reino de Navarra), debió transmitirle ciertas costumbres autóctonas. Es de imaginar que como contrapunto a su afición reconocida por el zumo fresco de granadina, como bien se recoge en El Tomoscopio de Mimbre.

La verdad es que férreamente documentado como tal, se conoce el Txakolí desde el siglo XVI pero yo no pienso perder de vista a ese historiador estudioso que sostiene la tesis del Txakolí milenario.

Goxua o la exquisitez de lo sencillo

Goxua, dulce en euskera

Goxua, dulce en euskera

Hay placeres terrenales que una vez se han probado perduran en la memoria gastroemocional de las personas.

Este postre del que hoy hablamos es uno de esos que te atrapa desde la primera cucharada. La pena es que no en todos en los restaurantes que lo ofrecen en la propia Euskadi, hacen por esmerarse.

Eso sí, yo me quedo con el que hacía la madre de mi amigo Aitor Zárate en los años ochenta en Vitoria. Hoy, me conformo con el que venden en la pastelería vitoriana “La Peña Dulce” y El Tomoscopio de Mimbre tampoco olvidó su reseña en la novela.

Si se atreven a hacerlo tienen una página soberbia para el intento, que incluye un vídeo en el que se muestra, paso a paso, la forma de realizarlo.

Beto Montoreano imaginó los sueños de El Greco

Los sueños, Alberto Montoreano

Los sueños, Alberto Montoreano

Desde el insigne barrio de Palermo en Buenos Aires, exporta su arte abstracto y surrealista a todo el mundo Alberto Montoreano.

Ha realizado muestras individuales y colectivas en galerías argentinas, estadounidenses, francesas y polacas. De ahí el reconocimiento que se ha ganado a lo largo de los años en este mundillo tan complicado del arte.

El Tomoscopio de Mimbre incorporó a las páginas de su novela una pequeña mención a este impactante autor y a la obra que aparece en la foto que preside esta entrada. Una muestra de la obra de este singular pintor está expuesta en Internet.

Freinet: el Celestino de las pedagogías libres

¡Todavía hay quienes no te llegan ni a la suela!

¡El maestro que dejaba soñar a los niños!

Hay que situarse en la Francia de entreguerras. Un joven maestro, reclutado para la I Guerra Mundial, la acaba herido en un pulmón. Aunque eso, lejos de hacerlo cobarde, lo armó de coraje. Ello unido a los cuatro años de convalescencia, que le hicieron ver claramente que el avance de una sociedad iba de la mano de una educación centrada en el alumno y su contexto.

Así, en su prueba y error diario, terminó siendo uno de los hombres que más ha contribuido a modernizar las pedagogías e inspirar todavía a un gran número de maestros y profesores.

El Tomoscopio de Mimbre, a través de un personaje de la novela como el maestro Don Everardo Loizaga, rinde su modesto pero emocionado homenaje a este “adelantado” que dejó entre otras perlas su libro Les téchniques Freinet de l’école moderne.

A continuación, un extracto de su pensamiento docente:

“La renovación escolar presupone una revisión a fondo de la pedagogía, un cambio radical en las técnicas de trabajo y de vida, una revisión sin la cual la reforma seguirá siendo una veleidad y una ilusión. […] No bastaría, de ningún modo, con una simple revisión de tipo técnico.”

 

Celestin Freinet construir el mundo de los sueños

Sucedió una noche…

Inspiración Aleixandre

El libro de Vicente Aleixandre

… aunque no como en la película de igual nombre. Sin Clark Gable ni Claudette Colbert, claro está.

No puedo explicar cómo ni porqué, pero de repente, aquella noche, en ese duermevela en el que vi sumido tras quedarme dormido en el sofá del salón de casa de mis padres, se produjo una extraña circunstancia dentro de mi cabeza que comenzó a alinear recuerdos, anécdotas vividas y contadas, lecturas y películas, para acabar proyectando en intermitentes secuencias fragmentos de una historia que me resultaba, a todas sombras, desconocida.

Pero la puntilla al momento la dio el primer libro con el que me topé por casa tras el desayuno del día siguiente. Al abrirlo ahí se encontraban estos versos del Nobel sevillano Vicente Aleixandre:

Un bello guante de mimbre, suave malgré tout, encuentra su empleo precisamente en este día.

Y fue en ese instante en el que decidí que eso que pasaba por mi cabeza era un relato curioso de ser contado. Pero no sería hasta semanas después en los que no había manera de apartar de mi mente esos fragmentos, que tuve la poca vergüenza de acometer la aventura de expresarla en palabras. Ahora se titula El Tomoscopio de Mimbre.

Cuando el “juego” busca revancha

Apuestas cesta-punta

¡La lección es clara! ¿La elección también?

Hoy, con motivo de la festividad de San Francisco Javier, patrón de los pelotaris, El Tomoscopio de Mimbre quiere referirse una vez más al tema de las apuestas en la cesta-punta. En esta ocasión con motivo del cierre en Septiembre del casino Revel en Atlantic City (EEUU), localidad conocida por su vinculación desde finales de los 70 al juego al igual que Las Vegas.

Ante la clausura de esta mole arquitectónica que costó 2000 millones de dólares, Richard McGowan, profesor de economía de la Universidad de Boston y experto en la industria del juego, afirma en un artículo de El País: “La gran lección que nos ofrece Atlantic City es que no se puede depender sólo del juego si quieres atraer turistas. En Las Vegas, por ejemplo, sólo el 50% de sus ingresos procede del juego. El resto lo aportan los espectáculos, las tiendas y los restaurantes”.

Diagnóstico certero que explica porque la cesta-punta de los tiempos gloriosos se vino abajo al ser incapaz, en casi todas partes, de conformar una diversificación de ingresos que complementara el de las apuestas. De ahí que, hoy en día, cualquier intento de devolver ese lustre perdido al deporte de la cesta-punta pase por no colocar como pilar central del edificio uno en cuya composición participen enteramente las apuestas. Y por la que se ve venir, vaya tomando nota la economía mundial con la pésima costumbre que ha cogido de utilizar la batitrader para fabricar dinero a partir del dinero.

Llivia: un trozo de España en Francia

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La gran mayoría de los españoles tiene en mente Ceuta y Melilla cuando se habla de territorios nacionales ubicados físicamente dentro de otro país. Pero pocos conocen, salvo la mayor de catalanes, que hay una villa más en esa situación. Es Llivia, está en Francia, pero pertenece administrativamente a la provincia de Gerona/Girona. ¿Y esto cómo puede ser?

La casi totalidad del actual departamento francés de los Pirineos Orientales debe su formación al llamado Tratado de los Pirineos de 1659 por el que España entregó a Francia 33 pueblos de las comarcas catalanas del Vallespir, el Capcir, el Conflent, el Rosellón y la Alta Cerdaña. Este tratado puso fin a la trifulca entre estos países que tuvo su origen en plena Guerra de los Treinta Años, cuando los franceses apoyaron la sublevación de los catalanes en 1640 al tiempo que los españoles hacían lo propio con la Revuelta de la Fronda. Sucesión de encontronazos que acabaron con la derrota española en la Batalla de la Dunas en 1958. Llivia quedó fuera de este tratado por tratarse de una “villa”, privilegio otorgado por el Emperador Carlos V, que Francia respetó escrupulosamente siendo este hecho el que permitió que ésta continuara bajo dominio del Rey de España.

El Tomoscopio de Mimbre situó en este enclave, más concretamente en el restaurante La Formatgeria de Llivia, la emotiva escena final de la novela. Si no se la quieren perder, el libro les está esperando.

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