Annemasse y Servet…

Calvino y Servet

Calvino y Servet

La figura de Juan Calvino se me atravesó ya desde joven. Todo se  debió a una conferencia impartida por el profesor José Luis Aranguren en un Jerez de la Frontera de 1983. En ella nos explicó a los asistentes cómo la moral calvinista estaba en la base de la lógica económica que sibilinamente nos invadía procedente de la Anglosajonia.

Pero cuando terminó de caerme gordo del todo el personaje fue al tener conocimiento de la “fatua” que profirió contra Miguel Servet, por plantear éste que la razón tenía prevalencia de rango similar al dogma.

Resultado: otro gran intelectual ibérico pasto de los fuegos fatuos. Y otro no menos importante, acabó formando parte de la novela El Tomoscopio de Mimbre.

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Los Pasos Perdidos…

Los pasos perdidos

Carpentier y su obra

Cuando era estudiante de Informática en la Universidad de Sevilla vino a parar a mis manos una novela cuyo autor, el cubano Alejo Carpentier, me llamó siempre la atención por su peculiar acento al hablar castellano.

Debo reconocer que por aquel entonces me supuso un esfuerzo el tránsito lector por aquellas páginas repletas de descripciones y reflexiones. Pese a todo, obtuve la recompensa al llegar a ese curioso final que no me esperaba.

Años más tarde le di una segunda oportunidad y volví a leerla. Eso me permitió recorrer la novela con otra perspectiva; posiblemente por aquel entonces “no tenía edad para entender ciertos estados del alma”, como dicen los orientales.

Al Capone y la cesta-punta…

al-capone-graffiti-18986022 No es cuestión de descubrir en este espacio la figura de Al Capone. Quien más quien menos ha tenido noticias sobre sus correrías, siendo las más nombradas las transcurridas por las calles de Chicago entre los años 1920 y 1930, ametralladora en mano.

Sin embargo, me temo que no muchas personas conocen la relación del ínclito personaje con esta modalidad de la pelota vasca que protagoniza nuestra novela. Ocurrió en ese Miami de 1923 cuando la vivaz cesta-punta arraigó, de la mano de las apuestas, en una localidad donde glamour y dólares se reproducían a igual velocidad que este juego.

Y, cómo no, captó la atención de personajes tan pintorescos como el célebre mafioso italo-americano, entre otros. Éste intentó por todos los medios hacerse con las riendas del lucrativo negocio de la cesta-punta pero no tuvo éxito por culpa de los que calificó como “santones vascos”, que no tragaron con el modelo de negocio que pretendía implantar para este deporte.

Más información…

Un detalle tan peregrino acabaría enganchándome…

Siurell

¡Esto es un Siurell!

Un día vi un reportaje en TV en el que hablaban de costumbres y artesanía mallorquina. Me llamó la atención la fabricación de unas figuritas que conocían como siurells. Buscando más información en Internet, acabé teniendo conocimiento de la villa de Marratxí y por extensión de una de sus pedanías: Sa Cabaneta.

Y fue así como tuve ocasión de enterarme del papel que jugaron los enganchadores en la emigración balear a tierras de Sudamérica.

Curiosa historia que esbozaré otro día.

Honestidad y sensibilidad a partes iguales…

jruibal… y se llama Javier Ruibal. Un poeta de El Puerto de Santa María (Cádiz) que halló en el “vaporcito” de la música la forma de hacernos llegar sus versos de agua y luna.

Todos esas vivencias, esos recuerdos, esa cesta, ese tomoscopio, ese siurell, esos Pasos Perdidos, no se hubieran transformado en novela de no ser por el cocinado a verso lento que recibieron de mano su música. Y uno de los motivos puede ser porque la música de este genio es tan mestiza y viajera como la aventura que nos ocupa.

Su disco La piel de Sara (1989) fue el primero que adquirí de este artista. Sin embargo, ya le tenía “cogida la matrícula” desde tres años antes. Y así hasta hoy en el que se volvió un imprescindible de cabecera.

¡Un honor coincidir en esta vida, Javier!

Cuando el “juego” busca revancha

Apuestas cesta-punta

¡La lección es clara! ¿La elección también?

Hoy, con motivo de la festividad de San Francisco Javier, patrón de los pelotaris, El Tomoscopio de Mimbre quiere referirse una vez más al tema de las apuestas en la cesta-punta. En esta ocasión con motivo del cierre en Septiembre del casino Revel en Atlantic City (EEUU), localidad conocida por su vinculación desde finales de los 70 al juego al igual que Las Vegas.

Ante la clausura de esta mole arquitectónica que costó 2000 millones de dólares, Richard McGowan, profesor de economía de la Universidad de Boston y experto en la industria del juego, afirma en un artículo de El País: “La gran lección que nos ofrece Atlantic City es que no se puede depender sólo del juego si quieres atraer turistas. En Las Vegas, por ejemplo, sólo el 50% de sus ingresos procede del juego. El resto lo aportan los espectáculos, las tiendas y los restaurantes”.

Diagnóstico certero que explica porque la cesta-punta de los tiempos gloriosos se vino abajo al ser incapaz, en casi todas partes, de conformar una diversificación de ingresos que complementara el de las apuestas. De ahí que, hoy en día, cualquier intento de devolver ese lustre perdido al deporte de la cesta-punta pase por no colocar como pilar central del edificio uno en cuya composición participen enteramente las apuestas. Y por la que se ve venir, vaya tomando nota la economía mundial con la pésima costumbre que ha cogido de utilizar la batitrader para fabricar dinero a partir del dinero.

Llivia: un trozo de España en Francia

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La gran mayoría de los españoles tiene en mente Ceuta y Melilla cuando se habla de territorios nacionales ubicados físicamente dentro de otro país. Pero pocos conocen, salvo la mayor de catalanes, que hay una villa más en esa situación. Es Llivia, está en Francia, pero pertenece administrativamente a la provincia de Gerona/Girona. ¿Y esto cómo puede ser?

La casi totalidad del actual departamento francés de los Pirineos Orientales debe su formación al llamado Tratado de los Pirineos de 1659 por el que España entregó a Francia 33 pueblos de las comarcas catalanas del Vallespir, el Capcir, el Conflent, el Rosellón y la Alta Cerdaña. Este tratado puso fin a la trifulca entre estos países que tuvo su origen en plena Guerra de los Treinta Años, cuando los franceses apoyaron la sublevación de los catalanes en 1640 al tiempo que los españoles hacían lo propio con la Revuelta de la Fronda. Sucesión de encontronazos que acabaron con la derrota española en la Batalla de la Dunas en 1958. Llivia quedó fuera de este tratado por tratarse de una “villa”, privilegio otorgado por el Emperador Carlos V, que Francia respetó escrupulosamente siendo este hecho el que permitió que ésta continuara bajo dominio del Rey de España.

El Tomoscopio de Mimbre situó en este enclave, más concretamente en el restaurante La Formatgeria de Llivia, la emotiva escena final de la novela. Si no se la quieren perder, el libro les está esperando.

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