Arthés Factum

¡Ustedes lo han querido!Si me hubiesen dicho hace una serie de años que la música medieval tendría una presencia apreciable en la banda sonora de mi vida, habría esbozado una medio sonrisa de “vale, otro día“.

Pero un determinado día se cruzó ante mí la oportunidad de asistir a un concierto de este magnífico equipo de músicos. No seré yo quien descubra, después de 20 años por esos escenarios del mundo, al grupo sevillano ARTEFACTUM. Todo lo contrario; su presencia en la novela es un lujo que quise darme con objeto de aportar algo más de allegro al relato.

Mención especial tiene el zanfoñero mayor del reino, El Pájaro (en el centro de la foto). Un tipo entrañable con sistema operativo de artista y un sentido del humor que salvará a este mundo de tanta máquina y automatización.

¡Pájaro, aquí, su seguro admirador!

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Cordobesca nº1: de Visir…

Visir Hasday

Hasday ben Saprut

Hay días en los que el cerebro rescata vivencias entrañables agazapadas entre los pliegues de la memoria. Por eso hoy recuerdo a ese “hermano” de mi padre, José Chocrón Bentolila, que tenía por costumbre llamarlo Hasday, las veces que venía a visitarnos desde Venezuela.

Nunca supe realmente ni el porqué ni su significado hasta que en mi primer viaje a Córdoba (España), conocí una calle dedicada a este singular personaje, cuestión que desde entonces se convirtió en objeto de estudio.

Años después cayó en mis manos un ejemplar de Le Vent de Khazars en el cual volví a toparme con este insigne personaje que detentó altas labores de gobierno (visir, de facto) bajo mandato del Califa Abd al Rahman III, con la particularidad de pertenecer a la comunidad judía de Al Ándalus.

Annemasse y Servet…

Calvino y Servet

Calvino y Servet

La figura de Juan Calvino se me atravesó ya desde joven. Todo se  debió a una conferencia impartida por el profesor José Luis Aranguren en un Jerez de la Frontera de 1983. En ella nos explicó a los asistentes cómo la moral calvinista estaba en la base de la lógica económica que sibilinamente nos invadía procedente de la Anglosajonia.

Pero cuando terminó de caerme gordo del todo el personaje fue al tener conocimiento de la “fatua” que profirió contra Miguel Servet, por plantear éste que la razón tenía prevalencia de rango similar al dogma.

Resultado: otro gran intelectual ibérico pasto de los fuegos fatuos. Y otro no menos importante, acabó formando parte de la novela El Tomoscopio de Mimbre.

Los Pasos Perdidos…

Los pasos perdidos

Carpentier y su obra

Cuando era estudiante de Informática en la Universidad de Sevilla vino a parar a mis manos una novela cuyo autor, el cubano Alejo Carpentier, me llamó siempre la atención por su peculiar acento al hablar castellano.

Debo reconocer que por aquel entonces me supuso un esfuerzo el tránsito lector por aquellas páginas repletas de descripciones y reflexiones. Pese a todo, obtuve la recompensa al llegar a ese curioso final que no me esperaba.

Años más tarde le di una segunda oportunidad y volví a leerla. Eso me permitió recorrer la novela con otra perspectiva; posiblemente por aquel entonces “no tenía edad para entender ciertos estados del alma”, como dicen los orientales.

Al Capone y la cesta-punta…

al-capone-graffiti-18986022 No es cuestión de descubrir en este espacio la figura de Al Capone. Quien más quien menos ha tenido noticias sobre sus correrías, siendo las más nombradas las transcurridas por las calles de Chicago entre los años 1920 y 1930, ametralladora en mano.

Sin embargo, me temo que no muchas personas conocen la relación del ínclito personaje con esta modalidad de la pelota vasca que protagoniza nuestra novela. Ocurrió en ese Miami de 1923 cuando la vivaz cesta-punta arraigó, de la mano de las apuestas, en una localidad donde glamour y dólares se reproducían a igual velocidad que este juego.

Y, cómo no, captó la atención de personajes tan pintorescos como el célebre mafioso italo-americano, entre otros. Éste intentó por todos los medios hacerse con las riendas del lucrativo negocio de la cesta-punta pero no tuvo éxito por culpa de los que calificó como “santones vascos”, que no tragaron con el modelo de negocio que pretendía implantar para este deporte.

Más información…

Un detalle tan peregrino acabaría enganchándome…

Siurell

¡Esto es un Siurell!

Un día vi un reportaje en TV en el que hablaban de costumbres y artesanía mallorquina. Me llamó la atención la fabricación de unas figuritas que conocían como siurells. Buscando más información en Internet, acabé teniendo conocimiento de la villa de Marratxí y por extensión de una de sus pedanías: Sa Cabaneta.

Y fue así como tuve ocasión de enterarme del papel que jugaron los enganchadores en la emigración balear a tierras de Sudamérica.

Curiosa historia que esbozaré otro día.

Honestidad y sensibilidad a partes iguales…

jruibal… y se llama Javier Ruibal. Un poeta de El Puerto de Santa María (Cádiz) que halló en el “vaporcito” de la música la forma de hacernos llegar sus versos de agua y luna.

Todos esas vivencias, esos recuerdos, esa cesta, ese tomoscopio, ese siurell, esos Pasos Perdidos, no se hubieran transformado en novela de no ser por el cocinado a verso lento que recibieron de mano su música. Y uno de los motivos puede ser porque la música de este genio es tan mestiza y viajera como la aventura que nos ocupa.

Su disco La piel de Sara (1989) fue el primero que adquirí de este artista. Sin embargo, ya le tenía “cogida la matrícula” desde tres años antes. Y así hasta hoy en el que se volvió un imprescindible de cabecera.

¡Un honor coincidir en esta vida, Javier!