Un maestro a todos los niveles

¡Un maestro toma una mano, abre una mente y toca un corazón!

¡Un maestro toma una mano, abre una mente y toca un corazón!

Este señor que comparte imagen con el autor de El Tomoscopio de Mimbre no es ni más ni menos que “un personaje y cuarto” que aparece en la novela. Porque Juan Morillo, aparte de protagonizar un episodio absolutamente delicioso en su pueblo natal, Fuentes de Andalucía (Sevilla), imprimió algo de su carácter en ese maestro republicano, don Everardo Loizaga, que tan buenos momentos compartió con el protagonista del relato.

La cara de felicidad que puede observarse en la instantánea no es tanto por recibir el ejemplar de cortesía, al que se hizo más acreedor que nadie desde el principio, sino por ser un hombre ya jubilado de su profesión de maestro de escuela. Por él han pasado unas cuantas promociones de niños que aprendieron a leer con textos San Juan de la Cruz, por ejemplo, y que aprendieron a vivir con una mirada diferente al mundo en la que la sensibilidad tenía mucho peso.

En la actualidad y lejos de quedarse en casa a medir nubes desde su ventana, sigue ilustrando a muchos colectivos (teatral, vecinal, sindical, político, etc…) en la idea de que las personas deben luchar por aquello que en justicia nadie debe arrebatarles: una vida digna.

¡Un lujo compartir espacio y tiempo con usted, caballero!

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Los sucesos de Aguaucho.

Escultura Aguaucho

Escultura conmemorativa de este triste episodio

El Tomoscopio de Mimbre tiene una deuda de gratitud infinita con un fontaniego universal: Juan Morillo. Gracias a él tuve la oportunidad de conocer tanto este pueblo de la campiña sevillana, Fuentes de Andalucía, como una parte del anecdotario del mismo.

Uno de los pasajes más impactantes que llegué a conocer fue el de los sucesos de Aguaucho acaecidos en Agosto de 1936, en el que perecieron 27 jóvenes fontaniegas a manos de elementos afines al alzamiento militar.

Episodio que hace pocos años se convertiría en representación teatral titulada El Romance de Aguaucho y que finalmente ha desembocado en la inauguración de una macroescultura conmemorativa del hecho a cargo de Paco Parra.

¡Gracias, Juan; amigo, maestro e incansable luchador! Un privilegio seguir aprendiendo de/con usted.