Turquía al aroma de milonga

istangulSi algo puede sacar en claro un lector de El Tomoscopio de Mimbre es que los estereotipos se combaten con la lectura, pero sobre todo con los viajes. Después de vivir no pocas vicisitudes en el continente americano, los vientos de la trama llevan al protagonista de la novela a tierras donde Europa y Asia se confunden: Estambul.

Primer paseo por la calle y sorpresa; resuenan los ecos de un tango en boca de Gardel. No es Buenos Aires. Continúa el son de milonga por las calles del barrio de Beyoglu pero en esta segunda parada lo curioso es que la letra no es porteña. Increíble, ¡un tango cantado en turco!

No obstante es Estambul junto con Helsinki, capital del tango allende las fronteras argentinas si se atiende a la popularidad que goza entre los habitantes del país otomano. Tradición que se remonta a los locos años veinte del siglo pasado del que esta ciudad no quedó ajena y cuyos pioneros de honor fueron la gran Seyyan Oskay y el inigualable Ibrahim Özgür. La imagen de la entrada no puede ser mejor testimonio.

 

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Proyecto Mármara

¡Vaya....!

¡Cuando la voluntad y el dinero se dan la mano!

En un momento dado de la novela El Tomoscopio de Mimbre, la trama se sitúa en tierras otomanas. Concretamente en Estambul, la antigua Constantinopla.

Para reflejar la pujanza económica que muestra la actual Turquía se hace mención en uno de los capítulos al Proyecto Mármara, que tal y como puede verse en la imagen de la izquierda pretende unir Londres con Pekín mediante transporte ferroviario y cuyo punto crítico consiste en hacer pasar a este tren de alta velocidad por debajo del Estrecho del Bósforo.

Una megaobra de ingeniería que requiere una ingente cantidad de recursos financieros y materiales, al margen del tiempo que puede llevar su realización. De lo primero da cuenta el protagonista en el libro, contando su experiencia al participar en dicho proyecto de la mano de un lobby japonés.

La siguiente imagen les puede aclarar algo de esta magna empresa.

Proyecto Mármara