Trading: poco de veraz, mucho de voraz

espuma

¡Ponlo a guardar la casa y verás!

Si el mundo del trading había conseguido que las finanzas de todos fuesen cada vez más inestables, desde la incorporación de los robots (programas de ordenador diseñados para reaccionar en décimas de segundo a los vaivenes del mercado) la operativa de los traders ha adquirido velocidades de vértigo.

Y ya se sabe que cuando se bate rápido, una simple clara de huevo adquiere mucho volumen aunque escasa consistencia. Es poco más o menos el efecto que el trading provoca en la economía mundial, traspasando así la resaca de dicho vértigo, finalmente, a la economía de las personas.

Un gran impulsor de este tipo de actuaciones es la City de Londres, de la que se ha hecho referencia antes en este blog. Por eso no debe ser casualidad que el gobierno británico se haya puesto manos a la obra montado un doctorado en Finanzas Computacionales (el UK PhD Centre for Financial Computing and Analytics).

¡Por muy bonito que parezca, como en la imagen, no deja de ser espuma!

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El “TIC y traca” en las bolsas mundiales

Flash-Boys

¡Adivinen la siguiente etapa en la evolución!

En un capítulo concreto de El Tomoscopio de Mimbre, al hablar de los traders, se acaba concluyendo que el gran peligro del trading no reside tanto en su operativa, ya perversa en su origen y objetivo, sino en haber dejado en manos de los ordenadores la mayoría de decisiones, de compra y venta, a tomar en cuestión de nanosegundos.

Algo que recientemente viene a corroborar Michael Lewis con la publicación de su libro Flash Boys, en el que denuncia cómo  estas prácticas provocan vaivenes carentes de toda lógica en los mercados bursátiles, sutilmente dirigidos por ciertas corporaciones financieras y aprovechándose de microventajas tecnológicas para ganar dinero de manera aún más sucia.

¿Cuánto más tiempo va a pasar hasta que los Estados ejerzan lo que les queda de soberanía para combatir este vulgar timo?