Crab & Beer Festival Baltimore

Crab Beer Baltimore

Para perder el sentido. ¡Pobre Pau!

Uno de los pasajes de El Tomoscopio de Mimbre viene a situar en Baltimore al entonces joven Pau Fortell (Ulrich Wessling) en una etapa posterior a la universidad, estrenándose en su primer trabajo. Ciudad norteamericana que también fue escenario de grandes veladas de cesta-punta, hoy venida a muy menos como en el resto del mundo.

Para ello el autor ambientó un escenario como el Crab & Beer Festival tan reputado en la localidad por tamaña degustación de este sabroso crustáceo durante unos días. Eso sí, bien acompañado de abundante cerveza.

Momento importante de la novela al determinar, y de qué manera, el futuro del personaje del informático que acompaña al protagonista. ¡No se lo pierdan!

Tentaciones de un más allá de andar por casa

Religiosas de chocolate

¡Divinidad pagana!

Hay sabores míticos que se producen en la infancia que lo acompañan a uno toda su vida. En mi caso, mi rito iniciático comenzó en la mágica pastelería de Madame Porte en Tánger y el dulce en cuestión es el que pueden degustar con la vista aquí a la izquierda.

Este «pastelito» de nombre religiosa (más bien monja) es uno de los clásicos de la repostería francesa, elaborado básicamente con pasta choux (la de los profiteroles, vamos) y crema pastelera (de chocolate o café, normalmente).

La patente de su puesta en el mundo se atribuye al literariamente famoso Café Frascati de París, allá por 1856, regentado por un heladero napolitano en esas fechas.

Tanta huella dejó en mí este pastel, que se ha convertido en una costumbre al poner pie en territorio francés comprar el semanario Le Canard enchaîné y una de estas dulcicadezas.

Eso sí; el signo de los tiempos ha permitido a nuevas generaciones de reposteros echar a volar su imaginación para crear nuevas variaciones sobre el mismo tema.

religiosas

Cafiaspirina: lo toman los pelotaris

Cafiaspirina

¡Qué antigüedad!

No es la primera vez que se trata de hacer entender a los lectores de El Tomoscopio de Mimbre que el deporte de la cesta-punta gozaba hace años de una popularidad y seguimiento inimaginable en nuestros días. Si me aceptan el símil, como el fútbol hasta hace unos años. Porque lo del fútbol, últimamente, ya ha adquirido tintes de proporciones insanas.

Una muestra más de esta gran presencia la constituye el hecho de que fuese protagonista de anuncios publicitarios de lo más variopinto. Dos de ellos recientes, el de Loewe y Carte Noire, coronan una lista que hunde sus raíces en un pasado nada cercano. Y no sólo en España.

Este «comercial» recuperado de los años 30 del siglo XX testimonia la imagen de «primo de Zumosol» atribuida a estos deportistas.

Cafiaspirina