Qinghai: el oasis del Cordyceps Sinensis

¡Tú lo que quieres es que coma el hongo...!

¡Tú lo que quieres es que te coma el hongo…!

¿Que dónde está Qinghai? Pues es una meseta que se encuentra en pleno Tibet. Sí, sí; un lugar perdido sólo apto para nativos y excursionistas de montaña. No muy diferente a otros parajes que son de habitual formato por la zona.

¿Qué tiene de especial entonces? Un ser vivo la mar de curioso… y sorprendente. Una oruga que cuando el frío (ese que trae la cruda nieve) invade la meseta, se pone a hibernar para aguantar el tirón. Momento que aprovecha un hongo que habita por el vecindario, para colarse en su interior y chuparle los nutrientes. De paso, le provoca a la oruga una metástasis que la acaba destrozando. ¿Y el hongo? Como ya ha demostrado quién la tiene más grande, adquiere la forma de un bastón reseco portando las esporas que parasitarán más orugas.

¿Y este es el interés que tiene la entrada de hoy? Para el National Geographic, a lo mejor. Saber que en japonés al bicho en modo palo seco lo llaman Tochukaso, ¿vale? Parece que no. Bueno pues entonces El Tomoscopio de Mimbre pasa a desemascarar los beneficios para la salud que se le atribuyen y que ha suscitado la atención de no pocas empresas biotecnológicas. Se dice que va muy bien para la tuberculosis, asma, impotencia, cansancio crónico, psoriasis, anemia, etc… Pero lo más importante, es que se obtuvo el factor FTX-20, principio que ayuda mucho al organismo humano a evitar el rechazo de un transplante de órgano.

Cordyceps-sinensis

Sucedió una noche…

Inspiración Aleixandre

El libro de Vicente Aleixandre

… aunque no como en la película de igual nombre. Sin Clark Gable ni Claudette Colbert, claro está.

No puedo explicar cómo ni porqué, pero de repente, aquella noche, en ese duermevela en el que vi sumido tras quedarme dormido en el sofá del salón de casa de mis padres, se produjo una extraña circunstancia dentro de mi cabeza que comenzó a alinear recuerdos, anécdotas vividas y contadas, lecturas y películas, para acabar proyectando en intermitentes secuencias fragmentos de una historia que me resultaba, a todas sombras, desconocida.

Pero la puntilla al momento la dio el primer libro con el que me topé por casa tras el desayuno del día siguiente. Al abrirlo ahí se encontraban estos versos del Nobel sevillano Vicente Aleixandre:

«Un bello guante de mimbre, suave malgré tout, encuentra su empleo precisamente en este día.»

Y fue en ese instante en el que decidí que eso que pasaba por mi cabeza era un relato curioso de ser contado. Pero no sería hasta semanas después en los que no había manera de apartar de mi mente esos fragmentos, que tuve la poca vergüenza de acometer la aventura de expresarla en palabras. Ahora se titula El Tomoscopio de Mimbre.